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VOCES CONTRA
LA IMPUNIDAD Y EL OLVIDO

La memoria es un acto de resistencia y de afirmación colectiva. En un país como el Perú, donde el dolor de quienes han vivido desigualdades, racismos y violencias suele ser ignorado, sostener sus voces y relatos es imprescindible. Es un camino de justicia, reparación y garantías de no repetición que nos convoca a imaginar un futuro más digno.

El deportista andahuaylino que a sus 17 años entrenaba a un equipo de fútbol
Dany Quispe Rojas, padre de Beckham Quispe, adolescente de 17 años asesinado en Andahuaylas, Apurímac
La orfandad de una madre
Sonia Leyva, madre de Rolando Barra, asesinado en Pichanaki, Junín
El adolescente que soñaba con tener su propio negocio de comida
Óscar Gonzáles, padre de Jonathan Tello Claudio, asesinado en Pichanaki, Junín
El hijo que no volvió
Julia Quispe Huamani, madre de Josué Sañudo Quispe, asesinado en Ayacucho
El viacrucis de un padre
José Flores, padre de Rosalino Flores, joven asesinado en Cusco
El hijo que partió y la madre que murió de pena
Yovana Mendoza Huarancca, hermana de Jhon Mendoza, asesinado en Ayacucho
"Jhamileth era una joven soñadora y con un futuro brillante"
Dominga Anco, madre de Jhamileth Aroquipa Hancco, asesinada en Juliaca
Era médico internista y le dispararon mientras auxiliaba a un herido
Milagros Samillán, hermana de Marco Antonio Samillán, asesinado en Juliaca
"Mi voz no me la van a callar"
Irma Mariela Cayo Sánchez, viuda de Manuel Quilla Ticona, asesinado en Lima
"Lucharemos hasta obtener justicia para nuestros familiares asesinados"
Raúl Samillán, presidente de la Asociación Nacional de Familiares y Víctimas de la Masacre 2022-2023 y hermano de Marco Antonio Samillán Sanga, asesinado en Juliaca
Desde una silla de ruedas
Teófilo Ramírez Ortega, sobreviviente de la represión estatal de las protestas en Andahuaylas, Apurímac
Una voz quechua
Faustina Pérez Díaz, sobreviviente de la represión estatal de las protestas en Apurímac
"La pólvora hizo estragos en mi cuerpo"
Reyder Hinostroza Huachaca, sobreviviente de la represión estatal de las protestas en Ayacucho
"No tenían derecho a dispararnos"
Noé Palma Oré, sobreviviente de la represión estatal de las protestas en Pichanaki, Chanchamayo, Junín
"Mi hijo es un joven con futuro"
Susana Soto, sobreviviente de la represión estatal de las protestas en Pichanaki, Chanchamayo, Junín
Los torturaron mientras llovía
Donato Nunonca, sobreviviente de la represión estatal de las protestas en Andahuaylas, Apurímac
"Necesito atención médica urgente para continuar con mi vida"
Edgard Aquilino Calcina Hancco, sobreviviente de la represión estatal de las protestas en Juliaca, Puno
Una bala alojada en la columna
Cueto Suaña Vargaya, sobreviviente de la represión estatal de las protestas en Juliaca, Puno

Este documento nace como un ejercicio de escucha y reconstrucción de la verdad a partir de los testimonios de quienes vivieron en carne propia la represión del Estado, que entre diciembre de 2022 y febrero de 2023, dejó 50 personas fallecidas, entre ellas menores de edad. Voces de Andahuaylas (Apurímac), Ayacucho, Juliaca (Puno), Cusco y Pichanaki (Junín) se entrelazan aquí para contar lo que sucedió, para exigir justicia y para dejar en claro que el olvido y el silencio no son una opción.

Este esfuerzo es también un acto de denuncia. Las historias que se presentan a continuación revelan, entre otros elementos, el uso desproporcionado de la fuerza por parte de las autoridades, la criminalización de la protesta y la profunda herida que la violencia estatal ha dejado en poblaciones enteras. Al menos 20 de los casos analizados por Amnistía Internacional pueden constituir ejecuciones extrajudiciales. Familias enteras quedaron marcadas por la pérdida de sus seres queridos, y los sobrevivientes arrastran secuelas físicas y psicológicas que transformarán para siempre sus vidas.

Esta publicación no solo es un testimonio del dolor; es también una muestra de la valentía y la dignidad de quienes se han organizado para buscar justicia. La Asociación Nacional de Familiares y Víctimas de la Masacre 2022-2023, así como diversas organizaciones locales, han convertido su duelo en acción, logrando que sus demandas resuenen más allá de sus territorios. Sus testimonios no solo reconstruyen los hechos, sino que también desafían la narrativa oficial que pretende justificar lo injustificable.

Rosario Garfias exige justicia para su hijo Beckham Quispe, víctima de la represión estatal en Andahuaylas en 2022.

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La audiencia de escucha , “Racismo y Represión”, organizada por Amnistía Internacional Perú y la Pontificia Universidad Católica del Perú, el 30 de octubre del 2024, en Lima, ha sido un espacio fundamental para visibilizar estos testimonios. Esta publicación busca contribuir a una memoria colectiva, que nos ayude a entender la magnitud de lo ocurrido y la urgencia de evitar que se repita.

Es necesario recordar que estas violencias no son hechos aislados ni excepcionales. En la historia reciente del Perú, la represión estatal ha cobrado incontables vidas, dejando tras de sí un rastro de impunidad. Desde las masacres en los años del conflicto armado interno hasta la violencia contra quienes alzan la voz en defensa de sus derechos, la brutalidad institucionalizada ha sido una constante. Lo ocurrido entre 2022 y 2023 es parte de un ciclo que solo podrá romperse con memoria, verdad y justicia. Ignorar o minimizar estos crímenes es dejar la puerta abierta para que se repitan en el futuro.

Las víctimas y sus familias han cargado hasta el momento con el peso de la injusticia, pero también han demostrado una fortaleza inquebrantable. Organizarse, denunciar e insistir en la búsqueda de justicia es una forma de resistencia y de lucha frente a un sistema que busca el olvido. No es fácil continuar cuando el dolor es tan grande y cuando las respuestas del Estado han sido principalmente la violencia, la indiferencia y el silencio.

Marleny Lizarme lucha por justicia para su hermano Wilfredo Lizarme, víctima de la represión estatal en Andahuaylas en 2022.

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Pese a ello, estas voces han logrado hacerse escuchar. En cada testimonio compartido aquí se puede ver el rostro humano de la tragedia. No se trata solo de números ni de cifras frías; son vidas truncadas, sueños arrebatados, familias desgarradas por una violencia que nunca debió ocurrir. Cada nombre y cada historia que aparece en estas páginas es un recordatorio de lo que está en juego: la dignidad, la justicia y el derecho a una vida sin miedo. Al leer estos relatos, nos enfrentamos a la obligación moral de actuar, de exigir que quienes cometieron estos crímenes rindan cuentas y de garantizar que no vuelva a suceder.

No podemos hablar de una sociedad justa si los crímenes de Estado quedan impunes y la violencia contra la ciudadanía se normaliza. Las historias de vida aquí recogidas son prueba de que la resistencia es posible, de que la búsqueda de justicia sigue vigente y de que la memoria es una herramienta poderosa para la transformación social. Este es un grito colectivo contra la impunidad, una afirmación de la dignidad de quienes han sido silenciados por la violencia. Es también una invitación a quienes llegan a estas páginas para que no solo sean espectadores, sino que se conviertan en aliados en esta lucha por la justicia y la reparación.

Que estas voces no se apaguen y que este acto de memoria viva nos impida olvidar. Recordar es también una forma de exigir justicia, porque la justicia, cuando llega, no solo sana a las víctimas y a sus familias, sino a la sociedad entera. El futuro del Perú no puede construirse sobre el silencio y la impunidad. Solo con verdad y memoria podremos avanzar hacia una sociedad más justa, donde los derechos humanos sean respetados y protegidos, y sobre todo, donde una situación similar no se repita.

Diciembre, 2025

*Al cierre de esta publicación no había ninguna persona sentenciada por estos hechos.

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